A educación de calidad oídos sordos.

La comunidad sorda es un colectivo que cuenta con unos valores culturales y lingüísticos construidos en torno a la lengua de signos y una concepción del mundo visual. Este colectivo se constituye tanto por personas sordas como por oyentes, de cualquier condición, que comparten la misma herencia lingüística y cultural.

En Europa, la lengua de signos estuvo prohibida más de 80 años, por lo que muchas personas sordas siguieron practicándola en la clandestinidad y otras ni siquiera la aprendieron. De hecho, personas sordas de nuestra época, ya mayores, aprendieron a utilizarla más tarde de lo debido y no podían comunicarse bien, lo que afectaba a su desarrollo personal y limitaba su participación en la sociedad.

Aunque los años han pasado y desde el 24 de octubre de 2007, la lengua de signos ha sido reconocida, las trabas en la sociedad a este colectivo no cesan. Y esto se ve claramente en la educación española, una educación que debería ser pública y de calidad que deja mucho que desear de lo último.

La calidad simplemente queda al alcance de las personas oyentes, cosa que se demuestra en muchos de los aspectos que ahora nombrare, aspectos totalmente cotidianos que impiden que las personas sordas desarrollen con normalidad, haciendo así que su educación sea mucho más dificultosa.

Empezando por el principio del curso, y me baso en testimonios reales de personas sordas, sus problemas empiezan a florecer. En la mayoría de instituciones, no será hasta la segunda o tercera semana cuando la intérprete de signos forme parte del aula. Esto se traduce a que una persona no oyente pasa dos o más semanas estando en unas clases que no le sirven de nada porque no las entiende. Es como si te dan un libro de cien páginas pero te arrancan veinte, tu te has leído el libro, pero al cien por cien no lo vas a entender.

Nos queda claro que nada más empezar, ya no están recibiendo la misma calidad en la educación que las personas oyentes.

Una vez tienen a la intérprete, en muchos centros, les avisan que solo dispondrán de ella tres horas las día, siendo lectivas seis horas. Por lo que durante todo el curso, esas horas se acumularán y serán contenidos que los estudiantes sordos no han aprendido.

Otra cosa, que pasa realmente desapercibida pero que todo estudiante cuenta con ello durante todo el curso, son los trabajos de grupo. Puede parecer una actividad enriquecedora, y lo es, pero solo cuando te puedes comunicar bien.

Al ir, la mayoría de los estudiantes sordos a clases de oyentes, tienen que participar con ellos. Estos compañeros oyentes rara vez saben signar, por lo que los trabajos grupales se hacen casi imposibles. Ya que las personas sordas, a veces pueden leer los labios, lo que no significa que puedan seguir una conversación con normalidad y más cuando participan muchas personas y otras veces ni siquiera pueden.

Además no es una actividad donde la intérprete pueda intervenir, ya que la mayoría se suelen hacer en casa.

La situación de pandemia que vivimos tampoco les hace ningún favor, al contrario.

Que vayamos con mascarillas las cuales nos tapan la boca hace, ahora si, imposible del todo la comunicación de personas sordas con oyentes que no saben signar.

También entran en debate las clases online, que si las analizamos dejan mucho que desear para el colectivo sordo. Cuando el docente comparte pantalla para explicar su propio power point, el alumno oyente no tiene ningún problema, el alumno sordo sí. Simplemente porque al tener en la “pantalla grande” el power point que se está explicando, no puede ver a la interprete signar con normalidad, ya que se le ve en una pantalla diminuta.

Estas son solo algunas de las innumerables trabas que reciben en una educación que debería aportar las mismas cosas a todos los estudiantes.

Para no acabar con un mal sabor de boca, me gustaría dar algunas ideas para hacerle la vida más amena a las personas que no son oyentes y que así se sientan más incluidos.

En tiempos de pandemia, la mascarilla se ha convertido en un accesorio más, hay de todos los colores y formas, ¿Por qué no llevar una que nos incluya a todos? Con esto me refiero a las mascarillas transparentes, donde los sordos podrán leer con facilidad los labios de los oyentes.

Otra idea, tal vez una de las más inclusivas, es aprender los conceptos básicos de lengua de signos para poder comunicarnos con ellos en las situaciones más cotidianas.

Espero que con los años, avancemos en este tema y todo el mundo pueda ser igual a los ojos de la comunicación.

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