Educación y otras pandemias

Jnpnfsdf
La pandemia que nos concierne durante los últimos meses nos hace cuestionar si la educación está preparada para la no presencialidad o si es inviable, de eso trata el artículo ¿Para qué sirve la escuela? Reflexiones sociológicas en tiempos de pandemia global. Escrito por Aina Tarabini.

Durante todo el artículo, la autora da su opinión basándose en argumentos sólidos que apoyan su postura, que en este caso aboga por la presencialidad, refiriéndose a ella como la única modalidad capaz de acoger todos los requisitos necesarios para que la educación funcione de una manera completa.

Para defender su idea se apoya en las brechas existentes y en como la educación no presencial agudiza la desigualdad entre los estudiantes. Se basa en las brechas económicas, sociales, emocionales y digitales que el confinamiento trae consigo “Jóvenes solos/as, desorientados/as, angustiados/as. Familias que se quedan sin trabajo. Condiciones de habilidad tremendamente dispares. Desigualdades cruciales en las posibilidades de desarrollar actividades educativas con los hijos/as. Falta de acceso a recursos tecnológicos, escasa competencia digital y un largo etcétera.” (Tarabini, Aina, 2020, p.147/148).

También refleja con sus argumentos la disparidad de situaciones que se están viviendo con la pandemia, por un lado, familias que prácticamente no notan el cambio de presencialidad a modalidad online  y por otro, familias abrumadas por un cambio que no saben o no pueden gestionar por su situación, ya sea por motivos económicos que deben comprenderse ya que en todas las casas la situación no es igual (refiriéndose a que no todo pueden hacer un gasto en ordenadores, tablets o wifi) o por motivos personales (no tener una familia estructurada, lo cual hace que no se rinda igual).

Por otro lado nombra el rol de la clase social y el papel importante que juega como desigualdad de condiciones. Sostiene que “la angustia, el miedo, la sensación de incapacidad para hacer frente a los requisitos de la institución escolar están claramente marcados por la clase social. Desde siempre y ahora, en la distancia y frente al desconcierto, aún más” (Tarabini, Aina, 2020, p.149).

Como vemos, culpa de incrementar esta desigualdad a la educación a distancia.

Tras dejar claros los peores lados de la educación no presencial, ofrece una solución, esta es que se aplique una política de redistribución para garantizar la igualdad de recursos y así compensar la desigualdad.

Una vez más deja claro que la escuela es un lugar necesario para los grupos más vulnerables ya que “es un espacio de protección física, social y emocional para niños, niñas y jóvenes” (Tarabini, Aina, 2020, p.149).

Destaca también la importancia de presencialidad para que el docente pueda desarrollar su función como acompañante en los procesos de aprendizaje y de desarrollo personal de cada uno, ya que, evidencia que las personas no solo somos seres cognitivos, sino que también somos sociales y que la educación es un acto social, por lo que no puede ir la emoción por un lado y el aprendizaje por otro.

En la conclusión la autora deja claro lo que busca con su artículo,  es que reflexionemos, para ello concluye con un argumento rotundo que dice así “una escuela que expulsa, físicamente y simbólicamente, de espacios, de aprendizajes, de respeto y experiencias satisfactorias a tantos y tantas jóvenes es una escuela que pierde su función principal. Es una escuela vacía.” (Tarabini, Aina, 2020, p.152).

Ya que enseñar y cuidar son dos aspectos inseparables, por lo que la escuela no presencial, en su opinión, no es válida.

Tras leer tanto este como otros muchos artículos de distintas opiniones, todas válidas, sobre la incógnita de validez de este nuevo modelo de enseñanza, he formado mi propia opinión, la cual parece estar bastante de acuerdo con la de la autora.

Para mí, no hay nada más importante que el trato con las personas. Me baso en mi experiencia personal, donde profesores que se implicaban han hecho que tengamos amor por sus asignaturas y a su vez, profesores que no se volcaban en las relaciones con los alumnos han hecho que todo sea más frio.

Durante mi estancia en el instituto me he dado cuenta de cómo la calidez de los profesores hace que tus ganas de aprender se multipliquen. De hecho, es uno de los motivos por los que mi vocación es tan real, porque la mayoría de mis profesores, a parte de enseñarme conocimientos, me han enseñado a querer y a valorar.

Por eso pienso firmemente que la educación no presencial, por muy bien preparada que esté jamás podrá suplantar a la educación presencial. Simplemente porque no vas a establecer relaciones sociales, también necesarias con tus compañeros de clase, ni vas a poder preguntarles a tus profesores que tal les ha ido el día. Y eso no le hace bien a nadie.

Porque, tengámoslo claro, la educación no es aprender conocimientos y hacer exámenes, también es aprender a trabajar codo con codo en clases, divagar en debates candentes en medio de las clases y disfrutar de tus compañeros y profesores

Sin embargo, los argumentos que acabo de dar pueden parecer solo una opinión.

Lo que no es opinable es que hay gente que no puede permitirse optar a esta educación. Que no pueden pagar el wifi. Que no pueden comprar un ordenador para cada miembro de la casa. Que no pueden comprar un ordenador siquiera para toda la familia. Que, en caso de tener algún aparato electrónico, no puede seguir la clase como los otros alumnos porque solo tiene una habitación para todos. Todo esto pasa, y en España, ahora mismo está sucediendo. Lo que no podemos hacer es mirar hacia otro lado.

Por que en la educación  pública todos tenemos que tener las mismas oportunidades. Y no solo eso, lo realmente importante es que todos y todas tengamos los medios para llegar a optar a esta educación de una manera completa. Cosa que con la educación no presencial no ocurre.

Por ello siempre defenderé una educación presencial, pública y de calidad para todos y todas.

Deja un comentario